Crítica de Katherine Jenkins en el Royal Albert Hall: “No busques más estrellas de la Navidad”

La mundialmente aclamada mezzosoprano de Gales regresó la semana pasada a la sala de conciertos más encantadora de Londres, en un evento que supuso su primer regreso al recinto desde su especial concierto de encierro. Guillermo Názara repasa esta actuación única en la vida, para hacernos saber si el encanto de la temporada estuvo a la altura de esta interpretación inédita.

Hay muchas formas de referirse a algo mágico. Y, sin embargo, ninguna de ellas sirve para describirlo. Se supone que las palabras deben hacerte sentir, transportarte a esos rincones ocultos de la mente que tienden un puente entre tu alma y la de otra persona. Pero eso no ocurre cuando hablamos de algo tan trascendente, tan absolutamente bello, que incluso la frase más elegante, por muy afilada y pulida que esté, sólo puede servir como reflejo borroso de lo vivido. No obstante, podría haber una excepción a esta regla, quizá incluso dos. Un término es “Katherine”, el otro es “Jenkins”.

Los elogios internacionales presagian (¿o deberíamos decir iluminan?) una carrera de más de 30 años (sí, fue una flor precoz) que la ha llevado de talento de pueblo a superestrella de la canción mundialmente alabada. La estrategia está bien diseñada: una voz encantadora, una técnica vocal excepcional y un repertorio polifacético. Así de sencillo… No importa cuál sea tu gusto musical (no me digas que no te gusta la música, eso es humanamente imposible), hay algo especial, casi incomprensible (pero al mismo tiempo cristalino), en que la música clásica se apodere de la música popular y la transforme en un sueño embriagador del que desearías no despertar nunca. Por supuesto, este concierto no fue una excepción: en muchos momentos fue la encarnación de esa idea y su apoteosis.

Una orquesta brillantemente dirigida da la bienvenida a los invitados a este ensueño de fantasía navideña que pronto se desenrollará. Detrás de ellos, un coro consumado espera su entrada, listo para sacar a relucir la fuerza y la pasión encerradas en esos pentagramas, rellenados por algunos de los compositores más refinados de todos los siglos pasados. Termina el primer número y ahí está ella: grandiosa pero suave, pura pero impactante, grande pero delicada. Un aplauso alegre, impulsado por la expectación del público, llena un espacio ya electrizado. Empieza a cantar. No hay nada más que decir. Con unos arreglos excepcionalmente bien elaborados de muy diferentes tipos de música de temporada, comienza un espectáculo en el que el sonido y la imagen (esta última sólo cuenta con algunos trucos de iluminación) se han metido muy dentro de uno, más allá de todos los sentidos, y han conseguido manipular unos mecanismos que la ciencia no puede explicar ni reconocer. Pertenecen al arte, y esto era arte en estado puro.

Entre anécdotas interesantes, comentarios y (como suele ocurrir con estos eventos -Lea Salonga no podía ser la única-) algún que otro: “Te queremos”, por parte de los espectadores, el espectáculo es, a decir verdad, de los que uno sólo puede darse cuenta de cuánto se habría arrepentido de no haber asistido una vez que lo ha visto. Por si fuera poco, los aficionados, desde la industria cinematográfica al ámbito del teatro musical, pasando por los terrenos de la música pop, se alegrarían de saber (o se mortificarían, si no asistieron) que la señora no estuvo sola en el escenario todo el tiempo. De hecho, el privilegio se nos concedió cuando pudimos ver al actor Andy Serkins (muchos le reconocerán -esperamos que su voz- por interpretar a Golum en El Señor de los Anillos) acompañándola al saxofón (¿un milagro navideño? No, la verdad es que se le da muy bien), y más tarde le sucedió un dueto de lo más emotivo protagonizado por uno de los actores más reputados del West End, John Owen Jones. Para poner la guinda al pastel, Cliff Richard hizo la última aparición como invitado, en una interpretación muy agradable, llena de nostalgia y de la buena voluntad de estos tiempos.

Katherine Jenkins and Cliff Richard

Las grandes expectativas pueden crear grandes decepciones. O, en el mejor de los casos, mezclarse con la realidad. Pero las rarezas son las que mantienen la vida interesante y, a fin de cuentas, la convierten en lo que realmente es. Este concierto, y su protagonista, son sin duda anomalías de todo tipo, porque no sólo han sido capaces de superar su promesa (y la que inevitablemente nos hacemos a nosotros mismos cuando anticipamos algo), sino que además han desencadenado algunas sensaciones nuevas que muy probablemente ni siquiera habríamos podido imaginar. Como dice la famosa cita, es la Navidad en el corazón la que pone la Navidad en el aire – y nunca antes el aire había estado tan cerca de ser tocado.

Todas las fotos son de Adam Pettitt para este sitio, excepto la miniatura, que ha sido amablemente facilitada por el equipo de relaciones públicas del Royal Albert Hall.

Rating: 5 out of 5.

Katherine Jenkins actuó una sola noche el jueves 8 de diciembre. Más eventos navideños en el RAH en este link.

Por Guillermo Názara

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